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Trabajadores ociosos: adiós a Internet

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Leer el Marca en el ordenador de la oficina es ya una tradición tan arraigada como tomar un café antes de iniciar la jornada laboral. Las empresas pasan lo del cafetito pero no que sus empleados usen Internet para asuntos personales. Para evitarlo, la mayoría espían o restringen el acceso. En ambos casos, los contras superan a los pros. El espionaje crea mal ambiente en la oficina y la restricción del uso de una herramienta tan poderosa como la Red parece antieconómica. Algunas compañías, en especial las grandes, están apostando por una tercera vía más inteligente. La instalación de programas de filtrado.

El problema es real. El 42% de los empleados usa el ordenador de la oficina para comprar entradas, jugar al solitario o ver algún vídeo picante de Playboy. En la otra cara de la moneda, el 67% de las empresas limita el acceso a Internet, y cuatro de cada diez vigila la navegación de sus asalariados. Según un estudio de PricewaterhouseCoopers (PwC) y la escuela de negocios IESE, los datos obtenidos de ese control han servido para sancionar a trabajadores en el 10% de las compañías encuestadas. Otro 3% los ha usado para despedir a algún integrante de la plantilla. Pero las represalias no parecen la solución.

 

PERDER EL TIEMPO. "Antes de instalar el sistema de filtrado, vimos que el 40% de la navegación no estaba relacionado con el trabajo", comenta Tomás Goicoechea, jefe de tecnología del Banco Guipuzcoano. Con la implantación del programa Optenet, "queríamos evitar la pérdida de tiempo y el consumo de ancho de banda". La imagen del banco también es importante. Han configurado el software para impedir que desde sus oficinas se pueda entrar en páginas de pornografía o terrorismo. Además, esta política puede tener un lado positivo para los empleados. Goicoechea no descarta que el banco extienda el acceso a la Red a todo su personal.

Natalia Gómez, directora de Marketing de Optenet, software utilizado también por Telefónica, asegura que "los clientes instalan nuestro programa por motivos económicos, pero este paso facilita una política de uso de Internet más transparente y generalizan el acceso". Y añade: "Sin un programa de filtrado, se gasta más en vigilar el sistema. Con él, el departamento de informática se libera".

Programas como el español Optenet, o los anglosajones Surfcontrol y Websense permiten a las empresas filtrar el acceso a la Red por categorías. Así, impiden la visita a las web según su contenido. El abanico es amplio, desde sitios de música hasta los de prensa rosa. También discriminan por usuario: los informáticos, por ejemplo, pueden entrar en páginas de hacker o los broker en las de economía; y en función del horario. Websense predica con el ejemplo. Sus empleados disponen de 45 minutos diarios en los que pueden usar Internet para asuntos propios.

Pero no se trata sólo de dinero. También la seguridad y la ley tienen algo que decir. La navegación irreflexiva puede abrir las puertas de la empresa a los hacker o a la competencia. Un reciente estudio de Websense concluye que un tercio de las compañías europeas tienen programas espía instalados en sus equipos. El tema legal también se las trae. En enero, las industrias del cine y discográficas recordaron a centenares de empresas estadounidenses que podrían incurrir en delito por la descarga desde sus ordenadores de programas piratas y material audiovisual protegido. Las cartas aún no han llegado a Europa pero no tardarán.

Hasta los sindicatos están de acuerdo. Aunque no les gusta la idea de que el jefe decida qué, dónde y cuándo navega el empleado, lo prefieren al espionaje que convierte a los informáticos en policías. "Nos oponemos a que haya vigilancia y al secretismo", dice Francisco Vaquero de COMFIA-CCOO. "Nada que objetar a la limitación del acceso a páginas con contenidos no deseables", añade. Para CCOO, en esta categoría no entran los sitios dedicados a temas de empleo, salud, seguridad y los relacionados con los derechos en el trabajo.

En realidad, las empresas siguen un camino abierto por otros. Las herramientas de filtrado de Internet son esenciales para las instituciones sin ánimo de lucro. La familia, la escuela y las ONG son un buen exponente. La Cruz Roja, por ejemplo, dispone de este sistema desde principios de 2002. Antes, la Red estaba restringida a determinados cargos. "Pero nos dimos cuenta de que Internet era esencial para nosotros, sólo debiamos darle un buen uso", comenta Rocío Calvo, directora de Sistemas de Cruz Roja. Hoy, 2.000 personas, entre voluntarios y personal, pueden navegar. El buen uso también ha movido a las autoridades educativas de Cataluña, Madrid y Valencia a instalar software de filtrado en los colegios para impedir que los chicos vean sitios inadecuados.

Estos programas se basan en listas de web prohibidas o detectores de palabras. Mientras Websense dispone de 4,2 millones de páginas en su archivo, Optenet combina el listado con un analizador semántico. Si un sitio no está en la lista, analiza densidades de caracteres. Basado en inteligencia artificial, permite diferenciar las palabras sexo duro si van juntas en la misma frase o en párrafos distintos. Pero nadie es perfecto. Rocío Calvo comenta: "En estos días, estamos buscando material para enviar a los refugiados de la guerra de Irak. Algunas direcciones de camas y colchones nos aparecen como prohibidas".

Autor: MIGUEL ÁNGEL CRIADO / EL MUNDO - Domingo 6 de abril de 2003 - Número 135

Última actualización el Domingo 06 de Marzo de 2011 14:49